HISTORIA DE LA FERIA

HISTORIA DE LA FERIA

 

EsFoto-Sombreros la fiesta popular más antigua del estado, pues data de los primeros años de la colonización española en la Villa de San Sebastián de la provincia de Colima.
La solemnidad cristiana de ese día tuvo por objeto honrar a los primeros mártires del cristianismo, iniciándose en Roma, de donde seguramente los romanos la llevaron a España y posteriormente fue traída a México durante la conquista.

 

En la antigua Villa de San Sebastián debió haber sido este día una fecha muy importante dentro de la liturgia de la religión cristiana y posiblemente la celebración de esta función en la parroquia de Colima. Con este motivo, dio origen a una festividad profana organizada por el pueblo, en forma espontánea, frente e la iglesia principal.

 

La primera referencia histórica se encuentra en un Acta de Cabildo del Archivo Histórico Municipal, fechada en 1572, en la que se registra una querella violenta entre un mestizo y varios indios, precisamente mientras se desarrollaba una procesión ceremonial indígena con antorchas y velas de cera encendidas, a la media noche del 1º de Noviembre de 1572.

 

El día de los Fieles Difuntos, tradicionalmente ha sido una recordación ritual indígena muy antigua, efectuada el 2 de noviembre de cada año, así como la costumbre de pernoctar en los cementerios desde la media noche del día anterior, para colocar ofrendas y cubrir las tumbas con profusión de velas encendidas, como ocurre en Janitzio, Michoacán, cuya velación constituye un acto impresionante.

 

En el Colima del siglo XVI los días 1 y 2 de noviembre existía una celebración propiamente indígena (popular), que por efecto de la evangelización y del ejercicio del poder, se transformó en una religiosa. Esta celebración popular fue tomando auge, desarrollándose cada año frente a la parroquia de Colima, en la extensa superficie de la Plaza Mayor.

 

Recorrido-Por-las-Insts-Feria-IILa celebración del 1º de noviembre debió haber sido una conmemoración religiosa para colonos españoles y mestizos y la del 2 de noviembre una ceremonia ritual indígena. A falta de información más precisa, debemos suponer que aquellos primitivos colonos desarrollaron un activo comercio de intercambio de productos agrícolas, limitado al medio local, coincidiendo precisamente esta celebración con el más importante período de cosechas de los colimenses.

Como espectáculos favoritos del pueblo estaban el cuarto Embrujado, las motocicletas de la muerte, la casa de los espejos, el bataclán, la carpa de chupamirto, la mujer serpiente y la carpa de los enanosEn la Feria de Todos Santos rodaba el dinero por montones, según el decir de nuestros rancheros colimotes, que soltaban por dondequiera aquellos pesotes ley 0720, pues como era época de cosechas el comercio local estaba en su apogeo..

La Feria de Todos Santos, profundamente arraigada en la vida colimense, adquiere una fisonomía peculiar, como resultado de la superposición de una celebración ritual con un evento comercial.

A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, la feria llegó a convertirse en un espectáculo espontáneo frente a la iglesia parroquial, a la que llegaba la gente de una extensa región de Colima y de pueblos circunvecinos a comprar herrajes para la labranza, a disfrutar los exquisitos platillos de la antigua cocina colonial y a deleitarse con la música alegre y movida de los primitivos sones y fandangos costeños.
De los ranchos y haciendas llegaba la gente a comprar herrajes para la labranza, sillas de montar y de carga, angeos, machetes, chaparreras, sogas y lechuguillas; y las mujeres a surtirse de alhajas de oro: hilos, dormilonas, bejucos y anillos, en las que nuestros orfebres eran verdaderos maestros.

 

Indudablemente el día de Todos Santos fue convirtiéndose en una fiesta popular, en la que se desarrollaba un activo comercio, además de la pintoresca verbena que tenía lugar frente a la Parroquia, en el área de la Plaza Mayor, centro vital de Colima de todos los tiempos. Con los años la “Feria de Todos Santos” creció y la Plaza Mayor llegó a ser insuficiente para alojarla. Fue entonces cuando en 1906 el gobernador Enrique O. de la Madrid, dispuso su traslado del jardín de la Libertad – que ya tenía este nombre- a la Alameda o Plaza Nueva (hoy jardín Núñez), donde permaneció 52 años, que fue la época mas hermosa de la feria colimense.

 

La Feria de Todos Santos, alcanzó en el Jardín Núñez una gran fama por todos los contornos, pues venían a caballo familias enteras desde los más lejanos pueblos de Michoacán y de Jalisco a las tapadas de gallos, corridas de toros, a gozar de las golosinas y platillos colimotes, así como a disfrutar de los atractivos que ofrecían los numerosos puestos, juegos de azar, mesas de dados, ruletas, baratillos, etc.

 

Los visitantes y los de propia casa lucían sus ropas de estreno, pues era costumbre estrenar zapatos, pantalones, sombreros, vestidos, para circular yodas las noches alrededor del jardín; las muchachas en un sentido y los jóvenes al contrario, para lanzar piropos, miradas de amor o entablar compromisos que tuvieron su epílogo frente al altar. Al jardín Núñez llegaron los primeros juegos mecánicos: un volantín de caballitos que se impulsaba con la fuerza humana; después otros más perfeccionados con motores de gasolina, instalados frente a la casa de don Blas Ruiz (actual Palacio Federal) en los que se cobraba un centavo por volado.

 

En las décadas de los veinte y treinta, fueron aumentando y modernizándose los juegos y diversiones mecánicas, instalándose primero en el costado poniente del jardín; después en la acera sur, algunas veces en la parte norte y otras invadían algunas calles aledañas, sobre todo cuando llegaban numerosos juegos que hacían más vistosa y alegre la fiesta.

 

Fueron famosos en ese tiempo el látigo, el gusano, la silla voladora, la rueda de la fortuna, los carros locos, el avión del amor y el volantín.
Generalmente la silla voladora se colocaba en los cruces de las calles Morelos y Juárez, que ofrecía mayor amplitud, a pesar de lo cual los pies de los paseantes casi rozaban las puntas de las tejas de la tienda Los Jazmines y la botica de don Ramón Contreras.

1943-Exposiciones-Diversas-IIEra la Feria de Todos Santos un pulular de gente y más gente en todas direcciones, bajo un enjambre de lazos, mantas y tendidos de los puestos que dejaban escapar el exquisito aroma de la fruta. El día 1º de noviembre y todas las noches, era una muchedumbre que impedía moverse con libertad.

 

En cualquier espacio vacío se plantaba una mesa con el tradicional jugo de “el Chepito” y un montón de monedas de plata y cobre, producto de las pingües utilidades del negocio. El griterío de los vendedores era impresionante, junto al ruido que producían los juegos mecánicos, los clásicos gritones de la lotería y el fuerte murmullo del gentío que se movía lentamente como una masa abigarrada.En otros estrechos sitios, se instalaban los mesilleros con sus mesas repletas de navajas, tijera, espejos, peines, broches, flautas de “el Centenario”, llaveros, linternas, etc., y sobre todo una especie de ruleta horizontal llena de objetos valiosos, por 50 centavos se compraba el derecho de impulsar la manecilla de la ruleta, hasta que se detenía el indicador señalando un exiguo premio, desde luego inferior al pago, con la consiguiente pérdida para los ingenuos apostadores.

 

Eran también famosos otros timadores como los de “¿dónde quedó la bolita?” y los de la ruleta con rifle de mota, así como los jugadores de naipes, que eran hábiles manipuladores de cartas. En cambio, siempre fueron honrados nuestro humildes churreros, con su cañón de palo frente a una ruleta con premios de 3, 4 y hasta 5 churros por centavo, según la suerte; y los vendedores de a centavo varita, tan ingenuos como bonachones, que se dejaban sorprender por los escolapios que disimuladamente cambiaban los palitos por otros con altos números premiados.

 

Artesanias-y-SombrerosEn la acera poniente del jardín, al borde del embanquetado de la avenida Juárez, se instalaban los puestos con techo de manta destinados a la venta de los tradicionales perones de California, cuya exquisita y famosa fruta estuvo estrechamente ligada a ala celebración de la Feria de Todos Santos. Cuando se aproximaba la verificación de la famosa fiesta lugareña, llegaba al puerto de Manzanillo, procedente se San Francisco, California, un gran cargamento de rejas con enormes y lustrosos perones, dulces y jugosos, envueltos en papel de china de color morado, seguramente para proteger el intenso color rojo de su delicada corteza.

 

Cuando los deliciosos perones eran descargados del buque a los muelles del puerto se inundaba la población con el suave perfume de la fruta. Sucedía lo mismo al ser trasladados a la Feria de Colima, pues a gran distancia se percibía el grato aroma de los perones con lo que se anunciaba la iniciación del anual festejo y la gente decía con marcado entusiasmo: “ya viene la feria, porque ya huelen los perones”. Había en Colima una agradable tradición, ya desaparecida con el tiempo: ¡Padrino, mis perones!. Se escuchaba decir por todas partes, a muy temprana hora del día 1º de noviembre. Eso significaba que la primera persona que se adelantaba a otra en la amistosa petición, era merecedora a recibir una bolsita con los exquisitos perones de California con lo cual se iniciaba una amistosa relación social de padrinazgo.

 

Sanitarios-y-ArtesaniasEn una larga fila de puestos de perones se colocaban las frutas en elevadas pirámides que alegraban con su bello espectáculo de color el agradable ambiente de la Feria. Alternando con éstos exhibíanse también las provocativas frutas deshidratadas como higos, dátiles, orejones, ciruelas, pasas y chabacanos; asimismo, colocaciones de todos tamaños y colores, piñones cubiertos, jaleas de membrillo, tejocote y manzana; quesos de tuna de San Luis Potosí, guayabates y alfajores de coco y piña.

 

En otros puestos similares se expendían las frutas de la región, principalmente plátanos y cocos frescos, así como dulces colimenses de bolitas de olor, gallitos, pirulíes, condumbios de ajonjolí y cacahuate, bolitas de leche quemada y dulces de leche. En todos los huecos abundaban los altos montones de nueces de Amacueca, peladora y seca, y de cacahuates de la región, bien tostaditos, llamados también el ruido de uña, que se vendían por litros y medios litros, anunciándose las populares vendimias con candiles de vara de botella, alimentados con petróleo.En la acera oriente y a la orilla del embanquetado del jardín, estaban colocados los puestos de canelas, atendidos por diligentes señoritas caneleras, que vendían a los parroquianos grandes tazones con el cárdeno té y su chorro de alcohol de caña de 96 grados. Cerca de las caneleras funcionaban también algunas refresquerías, siempre muy concurridas de rancheros. En la acera norte, generalmente se instalaban los puestos de juguetes de hojalata, pintados con anilina de diferentes colores; todos ellos eran juguetes colimotes fabricados pacientemente por un artesano hojalatero, durante todo el año, para venderlos en la feria.

 

Tombola-IPICSi mal no recuerdo, este hábil trabajador se llamaba Macario Hernández, alias “la rana hoja de lata”, que hacía primores de juguetes como sonajas, gallitos, mariposas que movían sus alas, carritos de tracción, de todos los tipos y tamaños, trompos musicales, cornetas, y en fin, tan bellas artesanías, que eran juguetes primorosos manufacturados muchos años antes de que sufriéramos la invasión de los juguetes de plástico, que nos están contaminando peligrosamente. También en ésta parte del jardín se exponía a la venta una abundante colección de juguetes de cartón, como muñecas, monos, cabezas de caballo y antiquísimas máscaras que representaban viejitos, payasos, abuelitos desmolados, diablos y muerte de todos los tipos imaginables, las que eran muy solicitadas por los niños, a pesar del nauseabundo olor que tenían por la “cola del carpintero”.

 

Los prados interiores del jardín, alojaban las cenadurías, muy frecuentada por toda la gente que engullía opíparas cenas de sopitos, pozole, pollo, tostadas y tamales, acompañados con los exquisitos atoles de leche, tamarindo y coco. Instaladas estratégicamente estaban las fruteras, con sus pequeñas mesitas de albos manteles llenas de vasos de leche hervida y las bateas con la famosa fruta para la leche, compuesta de calabaza enmielada, camotes empanochados, tamales de elote, plátanos gordos, camotes del cerro y tamales de ceniza.

En la glorieta central del jardín se instalaba “la Terraza”, sobre una plataforma de madera nueva de pino, de agradable aroma, cuyo tradicional olor asociábamos con la feria. Cientos de mesitas con sillas de tijera daban confortable acomodo a los catrines y catrinas, que bajo un inmenso toldo de manta, concurrían a bailar en la tarima, con los ritmos en boga de las mejores orquestas de cada época, como las de don Emerenciano Naranjo, la excelente Orquesta Típica de don Jesús Gudiño, la modernista de Mere González, uno de los mejores músicos que ha habido en Colima, la del joven trompetista Arturo Gudiño y la del famoso saxofonista Carlos Naranjo.

 

En sitio especial se levantaba el trono para la reina de la feria, con su corte de honor, integrada por las embajadoras de los Municipios, acompañadas por sus chambelanes, estirados y pomadosos jóvenes de la localidad.

 

El día de la coronación de la reina se agolpaba la multitud hasta el límite de la terraza, para escuchar la salutación del mejor orador del momento, corriéndose el tal riesgo que dejara el cielo sin estrellas y vacíos los diccionarios de sinónimos para utilizarlos en singular evento.

 

En 1934 la administración gubernamental de José Campero, gobernador interino de Colima, convirtió por decreto la antigua “Feria de Todos Santos”, en “Feria Regional, Agrícola, Ganadera, Comercial e Industrial del Estado de Colima”. El crecimiento inusitado de esta gran fiesta colimense, determinó su reglamentación en 1937.

La feria regional, como comúnmente se le ha llamado ahora, continuó realizándose en el Jardín Núñez, solo con las innovaciones impuestas por las diversas exposiciones de la producción agropecuaria, industrial y comercial de la entidad.

Se construyeron locales o módulos en la acera norte, para mostrar a los visitantes los mejores productos agrícolas de Colima, causando asombro los enormes racimos de plátanos del tamaño de un hombre, las cañas vigorosas y largas, las grandes mazorcas de maíz y las inmensas calabazas hasta de 40 kilos.

La Forestal, como se le decía entonces, mostraba las bellezas de las finas maderas colimenses, en múltiples muestrarios que causaban la admiración de los paseantes. En el costado oriente del jardín desaparecieron las caneleras y a lo largo de toda la calle se construyeron las instalaciones para exhibir los mejores lotes de ganado vacuno, llamando la atención los extraordinarios sementales cebúes y las vacas lecheras de ubres prominentes, que parecía que iban a reventar. Los caballos, las cabras y los cerdos eran lo mejor en esos primeros tiempos de desarrollo agropecuario nacional. La Feria Regional cumplía a satisfacción su cometido.

 

1970-XXXIII-Feria-Regional-de-ColimaEn el lado opuesto del jardín, es decir, en la acera poniente, estaba la exposición comercial e industrial. La gente se apretujaba para admirar el stand de la Sociedad Cooperativa de Salineros de Cuyutlán, que en miniatura representaba todas las etapas necesarias en la elaboración de la estupenda sal de Cuyutlán: “gatear” el salitre, “cebar” el pozo, recoger la “lejía”, depositarla en las “eras” y “pizcar” el producto para depositarlo en un inmenso pilón que parecía copo de nieve. También en la lección industrial y comercial de la Feria Regional, eran admirados los stands del ingenio de Quesería, de la fábrica de jabón “Casablanca” y de la “Casa Usúa”, que fabricaba acumuladores para automóviles.

 

La manufactura de sombreros de palma real sillas de montar y productos de corambreria, en los que nuestro talabarteros eran unos maestros, así como la fabricación de muebles finos de maderas tropicales por nuestros famosísimos carpinteros y ebanistas, que siempre recibieron el elogio de los visitantes. Era digna de encomio la Herrería Artística y Fundición de los Hermanos Santos, cuyos numerosos productos abrieron el camino de la ventanería moderna, distinguiéndose por la fabricación de las clásicas bancas de fierro fundido para nuestros jardines, y de muchos otros objetos de increíble perfección y belleza.

 

1972-XXV-Feria-Regional-de-ColimaEn 1953, la Dirección General de Educación Pública, a cargo del profesor Ricardo Guzmán Nava, presidio el Comité de Certámenes y Eventos Culturales, incorporándose este al Programa General de la Feria Regional, teniendo como inspiración el éxito cultural que alcanzaron los alumnos de la Universidad Popular de Colima con la presentación de la obra para teatro de masas en escenario natural el 8 de mayo de 1953, con 100 actores en escena y 1500 para el pueblo de dolores, durante el desarrollo de la representación de la Independencia de México, al conmemorarse el bicentenario del natalicio del Padre de la Patria, obra que cautivo a los colimenses durante sus cuatro presentaciones en el atrio de la catedral de Colima, obscurecido todo el jardín para utilizar potentes reflectores. Este Comité de Eventos y Certámenes de la Feria Regional, organizó, por primera vez, un sugerente programa cultural que afortunadamente se ha mantenido hasta la fecha, consistente en concursos de dibujos infantiles, de lectura, declamación, composición literaria, poesía, oratoria, sones colimotes, composición musical, bailes regionales, concurso del niño sano, platillos colimotes, familias prolíficas, etc., otorgándose diversos premios y diplomas de participación.

 

Durante las dos épocas de la Feria Regional desarrolladas en el Jardín Núñez, a lo largo de 52 años, la primera llamada Feria de Todos Santos de 1906 a 1934, y la segunda denominada Feria Regional de 1934 a 1958, han asistido millares y millares de visitantes, colimenses y de otros estados, para gozar del inigualable ambiente de fiesta provinciana que dejo en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de vivirla, su huella profunda de imborrables recuerdos.

 

En 1957, las bases están sentadas y la feria se esfuerza para nunca mas parecer pueblerina, el gobierno y sectores sociales clausuran la feria con un ballet de más de 200 elementos y se llena de concursos en los que la población participa entusiasta: mejor costurera, mejor agricultor, flores, cancioneros y comienzan concursos de tipo cultural como los de novela.

 

Feria-1973-GenteEn 1958 se decide el cambio de la Feria a las instalaciones de la Unidad Deportiva “Ignacio Zaragoza”, en donde se dispone además de un extenso terreno frente a la XX Zona Militar. Se establece un mayor control con portones de entrada y salida, por donde la numerosa concurrencia se distribuye a los espacios de las exposiciones agrícola, ganadera, comercial e industrial; a los puestos de fruta, ropa, loza, juegos de azar, cenadurías, juegos mecánicos, espectáculos, etc.
La gente echa de menos el Jardín Núñez y la falta de un espacio para que los asistentes circulen en dos direcciones, que les permita ver y coquetear, lo que habría de darle mas ambiente y sabor de feria. Se suprimen cantinas y no se permitió el funcionamiento del palenque, la carpa “Chupamirto” que venia actuando años atrás, se clausuro definitivamente por faltar a la moral. Apenas iniciada la XXIII Feria Regional correspondiente a 1959, en la madrugada del 27 de octubre se desató sobre el puerto de Manzanillo uno de los más terríficos ciclones de que se tenga memoria, originando, como era de esperarse, la suspensión del tradicional evento colimense.

 

La reina electa para ese año había sido la guapa señorita Adriana Sánchez de la Madrid, a quien correspondió el honor de presidir los festejos de la Feria Regional de 1960. En este año, con renovados impulsos organizativos se hace la primera transmisión de la feria en circuito cerrado de televisión; la importante estación radiodifusora XEW de la capital de país, promueve el festejo anual colimense en sus programas “Así es mi Tierra” y “Noches Tapatías”, cuya publicidad a nivel nacional es bien recibida por los diversos sectores de la entidad.

 

En 1962 se construyó el hermoso Casino de la Feria, con una inmensa concha, extensa pista de baile con fino piso, circundada por los espectadores, que se ubican en sucesivos niveles de agradable visibilidad. El casino resolvió admirablemente todos los requerimientos para la coronación de la reina de la feria y corte de embajadoras de los municipios, la verificación de los bailes tradicionales amenizados por la Orquesta del Colorado Naranjo, la presentación de los artistas y cantantes más famosos del momento, y la realización de toda clase de eventos culturales y sociales.

 

En 1970, la Feria Regional de Colima es objeto de publicidad en la prensa nacional y así mismo en el noticiero “24 Horas” de Jacobo Zabludovsky y en el programa televisivo dominical “Siempre en Domingo”, de Raúl Velasco. En el casino se hace la presentación de artistas famosos como Lucia Méndez y Verónica Castro, entre otros, con un éxito sin precedentes, que le dan a Colima gran fama como plaza relevante para las actuaciones de las primeras figuras artísticas del país.
El funcionamiento del Casino de la Feria para la verificación de actos culturales y artísticos, demando el establecimiento de terrazas populares, cuya instalación fue autorizada lejos del centro de la feria, así como también la venta de cerveza y la presentación de artistas y cantantes poco conocidos, pero que satisficieron el gusto popular. Fue asimismo una innovación interesante el establecimiento del Teatro Popular al Aire Libre, en donde la población tuvo la oportunidad de disfrutar gratuitamente la presentación de artistas y grupos folklóricos locales.

 

Durante el periodo de 20 años que permaneció la feria en la Unidad Deportiva Zaragoza, se mantuvo viva la tradición sobre las exposiciones que le dieron carácter, como la venta de fruta, golosinas y juguetes, pero sobre todo, la elección de reinas y la participación de empresas de automóviles, fabricantes de muebles y de otros productos nacionales.

 

1973-DanzaDurante estas dos décadas la feria marco su entrada definitiva al mundo de la industria cultural y al privilegio de los avances tecnológicos. En 1978 el gobierno del Estado tomo la decisión, por primera vez, de construir instalaciones especiales para la Feria Regional de Colima, en los terrenos inmediatos al poblado de la Estancia, distante 3 kilómetros de la ciudad de Colima. El vaticinio de que fracasaría la feria por su alejamiento, no se cumplió, porque la gente pronto se adaptó a la distancia de la fiesta.

 

La década de los años ochenta marca un carácter estatal de la feria con la participación de los municipios en los módulos de exposición, además de coadyuvar al lucimiento del festejo con la participación de una señorita concursante en la elección de la reina.

 

En 1980, por primera vez, la colonia colimense en el D.F., envía a la reina de la Casa de Colima para que participe en nombre de este organismo social y cultural, junto con la reina de la Feria del Estado.

 

En la década de los años ochenta el número de visitantes a la feria aumenta considerablemente, quizá un millón durante el periodo, el que se ha ampliado a 16 días. Se construye un inmenso casino con estacionamiento y amplia capacidad. Se subastan el casino y el palenque a promotores artísticos, que continúan la tradición de presentar artistas de fama nacional, como Yuri, Carmen Salinas, Rápale, Juan Gabriel, José José, Vicente Fernández, Emmanuel, etc., por lo que estos lugares se saturan de espectadores.

 

Las exposiciones ubicadas en la parte central, muestran los avances agropecuarios, del comercio y de la industria colimense; el Gobierno del Estado presenta el desarrollo de sus programas de trabajo; el Plan Colima, el avance de sus acciones y los resultados de estas; algunas dependencias federales exhiben gráficamente la realización de sus proyectos y los Ayuntamientos exponen los aspectos materiales, turísticos, educativos y artesanales de sus jurisdicciones.

 

Las frutas clásicas de la feria colimense se expenden en extensas arreas integradas al conjunto, así como la loza, los dulces y confites, las loterías de regalos, las refresquerías y los comedores de restaurantes prestigiados. Sin los exquisitos platillos colimotes y los antojitos típicos, la feria carecería de sentido. Los juegos mecánicos son modernos, confortables y seguros para todas las edades, desde un bello carrusel hasta una doble rueda de la fortuna.

 

Feria-1973-Gente-IVLas terrazas populares colocadas en lugares estratégicos, concesionadas a algunas firmas cerveceras, continuar presentando artistas y espectáculos que satisfacen a su numeroso público asistente. Uno de los espectáculos mas interesantes de la feria regional es, sin duda alguna, el amplio funcionamiento del Teatro al Aire Libre a cargo de la Dirección de Cultura del H. Ayuntamiento de Colima.
Es el sitio ideal para el descanso y solaz del espíritu. Bajo su concha acústica tienen lugar los mas variados y selectos programas, desde la coronación de la reina, hasta los desfiles de modas, exposiciones, conciertos, concursos de trajes infantiles, declamación, canto, certámenes de compositores de música, grupos folklóricos, estudiantinas y rondallas, etc. Se complementan estos programas culturales con desfiles de carros alegóricos, carreras, eventos deportivos, conciertos y concursos de poesía, pintura, escultura, dibujo infantil, etc.

 

Al inicio de la década de los noventa, se hablaba indistintamente de Feria de Todos Santos y Feria Regional. Parece imponerse en el sentimiento popular su designación original.

 

En el año de 1993, la Universidad de Colima publica un hermoso cartel con el nombre autentico y tradicional de esta antigua fiesta colimense: Feria de Todos Santos, como la ha llamado el pueblo a través del tiempo, y no Feria de Todos los Santos, como la designan los puristas del lenguaje.

 

En la última década del siglo veinte la feria siguió conservando la esencia de su tradición popular, en los múltiples aspectos de su organización, superando en cada uno de ellos las características de su presentación, sobre todo en aquellos espacios que tienen marcados aspectos sociales. Ante los recientes resultados, no muy positivos, económicamente, de algunos espectáculos concesionados, se han comenzado a establecer algunas modificaciones convenientes. Acierta el escritor Jorge A. González al afirmar en su interesante estudio sociológico lo siguiente: Con el tiempo podemos ver que la feria es comercio.
Pero también es identidad y memoria, es un modo social y ritual complejo para construir y auto-representar el presente y el futuro. La feria esta viva. Y en ella se han encontrado en lucha diversos grupos y actores sociales. Lo que ha estado en juego ha sido la participación y la definición del sentido de la feria.

 

En la actualidad la Feria de Todos Santos ha llegado a convertirse en un evento cultural y social de gran magnitud, que es preciso que nuestros gobiernos tengan en cuenta estas dimensiones sociológicas para que hagan de la feria un nuevo organismo que satisfaga los requerimientos que impone la feria y las modalidades que correspondan al desarrollo extraordinario que nuestra sociedad esta experimentando. Nuestra actual Feria de Todos Santos esta inconclusa, es decir, las autoridades municipales y estatales deben comprender que es indispensable darle a la feria colimense el esplendor que tuvo en el Jardín Núñez; pero para ello habrá de requerirse la experiencia de un técnico que planifique un nuevo proyecto de la Feria de Todos Santos, para lo cual habrán de requerirse amplias superficies territoriales para que se construya el asiento de una gran feria colimense, a todo dar, como suele expresarlo el pueblo.
Para ello, será necesario construir un nuevo y amplio jardín que sustituya ventajosamente al Jardín Núñez de antaño; pero además se requerirán modernas instalaciones para todas las exigencias que impongan las necesidades del presente, no olvidando la suntuosidad que tuvo la Feria Nacional de San Jacinto, en el Distrito Federal, que marco una asombrosa etapa de desarrollo agrícola, pecuario, industrial, artesanal, etc., cuya organización tuvo repercusiones internacionales. Colima merece ya una feria de esta magnitud, que le adra a nuestro estado prestigio nacional sólido, y sobre todo, desarrollo económico local de importantes repercusiones para la economía de Colima.

 

Cuando la feria se efectuaba antiguamente en la Plaza Mayor, la participación de la autoridad se limitaba sólo a regular el uso del espacio urbano, sin tener ninguna otra injerencia, salvo la vigilancia del orden.

Por gestiones del diputado colimense presbítero José María Jerónimo Arzac, el primer Congreso General del País, declaró oficialmente la Feria de Todos Santos el 1º de noviembre de 1826.

 

A fines del siglo XIX se inicia en Colima una nueva era de actividades modernistas: se da comienzo a la construcción del teatro Hidalgo (1871), Palacio de Gobierno (1877), Catedral de Colima (1875), Jardín de la Libertad (1878) con un kiosco importado de Alemania, se introduce el ferrocarril Manzanillo-Guadalajara (1880-1998), y comienza la apertura de nuevas calles y avenidas (calzada “Pedro A.Galván”).

 

A partir de 1906 la feria involucraba a todos los sectores sociales, pero su organización seguía siendo la misma: las autoridades sólo intervenían en la distribución del uso del suelo; el resto, o sea el armado de los “puestos de la feria” lo hacían en su totalidad los comerciantes y dueños de negocios.

 

Recorrido-Por-las-Insts-Feria-IIEl movimiento armado de la Revolución de 1910, no afectó la organización y desarrollo de la Feria. La rebelión cristera 1926-1929 tampoco acabó con la fiesta popular de Todos Santos, “antes bien la respetó”.

 

La Feria de Todos Santos en la Plaza Mayor de Colima debió ser todo un espectáculo por la gran variedad y exquisitez de lo típicos platillos de antaño, como los adobos, temoles, estofados, pulpetas de ternera, gallinas mechadas y a la cachupina, chorizos, chorizotes, embuchados, morcillas o rellenas, tamales rellenos cernidos, negros con arroz de leche, cocidos en tepescle, frutas cocidas y enmieladas; múltiples golosinas de la región como ate de coco, jamoncillos de coco, cajetas, rosquillas de coco y almendra, etc.